La Copa Mundial de Futbol de las Naciones Olvidadas

Imagen: Kiribati Islands Football Association/CONIFA

Para Sascha Düerkop todo comenzó con una camiseta. O más bien con 211 camisetas.

El alemán, de 30 años, afirma que su cargo de Secretario General de la Confederación de Asociaciones Independientes de Fútbol (ConIFA), que actualmente se prepara para su próxima Copa Mundial de Fútbol en 2018, le llegó por casualidad.

Al ser un fanático del fútbol de toda la vida, Sascha empezó una búsqueda para conseguir todas las equipaciones de selecciones nacionales que pudieran caer en sus manos (solo le faltan 6 de los 211 miembros de la FIFA, y también tiene la mayoría de las de los 45 miembros de la ConIFA). Esta búsqueda le llevó al desconocido mundo de las asociaciones que juegan fuera de la jurisdicción de la FIFA.

“Encontré algunas equipaciones que no eran de la FIFA. Empecé a comprar algunas de ellas y [así es como] empecé a conocer a estos equipos,” comenta Sascha a The Set Pieces.

Gracias a su afán coleccionista consiguió relacionarse con la asociación de fútbol de Cascadia – una propuesta de país y biorregión a caballo entre varios estados de los Estados Unidos y parte de la Columbia Británica en Canadá – y logró que se involucrara en la administración del fútbol para los no afiliados en enero de 2013.

“Había una organización antes de ConIFA llamada la Junta de Nuevas Federaciones de Fútbol (N.F. Board en inglés) que celebraba reuniones ordinarias en Múnich,” continúa Sascha. “Una asociación de fútbol, ​​Cascadia, me preguntó si podía presentar su solicitud en Múnich, ya que tenía un estrecho vínculo con esta federación.

“No tenía ni idea de dónde estába Cascadia o de qué se trata, pero hice algunas investigaciones y presenté la solicitud. No tenía nada mejor que hacer esa semana y era una buena excusa para viajar a Múnich.”

En la reunión del consejo, conoció a los otros equipos implicados y presentó el caso de Cascadia. Mientras que el evento finalmente fue un desastre al colapsar debido a las luchas internas, de sus cenizas surgió ConIFA, fundada poco después en junio de 2013 en la Isla de Man.

De los seis miembros fundadores se ha pasado a casi 50, con el objetivo común de organizar partidos y torneos para personas, naciones y regiones aisladas de todo el mundo sin representación.

“Per Anders Blind (el actual presidente de ConIFA) creó una nueva organización y me pidió que me involucrara porque yo tenía todos los contactos,” añade Sascha.

A pesar de no vanagloriarse de su carrera en ConIFA, se describe a sí mismo como la “araña en la red” de la organización, ya que es el encargado de coordinar equipos, crear torneos y buscar patrocinadores, todo de forma voluntaria, mientras al mismo tiempo prepara su tesis doctoral.

Su cargo le ocupa al menos la mitad del día, pero insiste en que es un placer y se ha enamorado del poder emocional del fútbol y de “todas las historias y naciones olvidadas”.

El mayor evento de ConIFA es la Copa Mundial de Fútbol (WFC, en inglés) – Sascha subraya que la FIFA les advirtió que no la llamaran simplemente Copa del Mundo – y la tercera edición de este torneo bianual tendrá lugar el próximo verano.

La primera WFC, en 2014, fue un evento invitacional para 12 equipos, organizado por la selección de Sapmi (comúnmente conocido como Laponia en español) en Östersund, Suecia. Es el lugar que han encontrado más distante tanto geográficamente como culturalmente de Brasil, donde el torneo de la FIFA tuvo lugar en el mismo mes.

El evento duró nueve días y presentó enfrentamientos tan surrealistas como la Isla de Man frente a Kurdistán y Padania contra Darfur. El condado de Niza, del sureste de Francia, se llevó el trofeo inaugural a casa tras vencer a Ellan Vannin, los representantes de la Isla de Man, en los penaltis.

Imagen: Beslan Lagulaa/CONIFA

Dos años más tarde la competición volvió, esta vez a Abjasia, un estado semi-autónomo del noroeste de Georgia, quizás conocido en occidente por su papel central en el conflicto entre Rusia y Georgia de 2008.

Sascha describe la región como un “paraíso escondido” donde el torneo, financiado por el gobierno local, fue un rotundo éxito para todos los involucrados. “La semana entera fue increíble,” declara. “El torneo duró aproximadamente una semana y desde el principio todos los partidos estaban llenos de gente. Tenían mucha curiosidad, aunque en el partido no jugara Abjasia.”

Los anfitriones triunfaron en el WFC de 2016, levantando el trofeo después de derrotar a selecciones como Armenia Occidental y Chipre del Norte en su camino a una final dramática contra Panjab – el equipo que representa a la diáspora del Punjab en India, Reino Unido y alrededor del mundo.

“La final simplemente se ganó por mentalidad,” recuerda Sascha. “El estadio tiene menos de 5.000 localidades y habían alrededor de 11.000 personas allí. Hubo una invasión de campo al final [después de que Abjasia ganara 6-5 en los penalties] y las celebraciones duraron hasta las cuatro o cinco de la mañana en la capital, Sukhumi. Fue la final perfecta. No podría haber salido mejor.”

Como consecuencia del torneo, Abjasia cuenta ahora con una de las bases de aficionados más fuertes de todos los miembros de ConIFA, así como una nueva parte tangible de su identidad nacional que celebrar que no sea hablar de la división étnica, la política y la guerra.

“El torneo cambió el país al completo. El día siguiente fue declarado fiesta nacional por el presidente y 10.000 personas celebraron la victoria en las calles durante toda la noche,” señala Sascha.

“Después del pitido final, una mujer mayor vino a mí y me dijo que ‘todo lo que celebramos en nuestras fiestas siempre tiene que ver con guerra. Esta es la primera vez que ganamos algo como gente de Abjasia.”

Abjasia no es el único país que vibra con su combinado nacional. Sascha cita el ejemplo de Tamil Eelam, que representa a la diáspora del pueblo tamil de Sri Lanka, cuyos partidarios transmiten con frecuencia encuentros amistosos de “muy, muy mala calidad” a cuatro millones de espectadores. Mientras otros medios de conseguir una identidad nacional son difíciles de encontrar, esta es una oportunidad para que las personas se unan por el equipo de su patria.

Fuera del terreno de juego, Sascha afirma que los próximos objetivos de ConIFA son conseguir que sus miembros cobren por su trabajo (todos los que participan en la actualidad trabajan como voluntarios), iniciar y mantener torneos continentales y establecer también conjuntos femeninos y juveniles.

Mientras que el WFC sigue un formato similar al de la FIFA (la edición de 2018 contará con 16 equipos en cuatro grupos, con los dos primeros de cada grupo avanzando a la fase eliminatoria), una diferencia importante es que ConIFA utiliza un “sistema de puestos”. Esto consiguió que en 2016 incluso el Archipiélago de Chagos, que terminó en último lugar, pudieran jugar cuatro partidos en los que se jugaban algo.

Imagen: Beslan Lagulaa/CONIFA

Sascha insiste en que el intercambio cultural y la unión es otro aspecto que separa el estilo de este torneo del enfoque de la FIFA.

“Lo que es realmente diferente es que todos nuestros equipos están alojados en un hotel o dos. Estamos apiñándolos en los mismos lugares. La idea es crear algo así como una villa olímpica con un ambiente especial y los jugadores no sólo se reúnen en el campo, sino también fuera de él.

“También tenemos un par de eventos culturales en los que los propios jugadores suelen cantar, bailar o hacer algo característico de su cultura e historia. Eso es parte de nuestros valores.”

Aunque los objetivos de ConIFA parecen claros y bien intencionados, no están exentos de controversia. Casi todos sus miembros suscitan acalorados debates y discursos políticos en regiones de todo el mundo, pero Sascha se apresura a asegurar que la organización no será utilizada para promover ideologías.

“Recibimos protestas de Georgia y Azerbaiyán [sobre el WFC de 2016 en Abjasia] y esperamos protestas de China sobre el Tíbet, que se han clasificado para la próxima Copa. Pero internamente nos parece bastante positivo. Tenemos una regla muy estricta: cualquier campaña política está prohibida. Los equipos pueden tener su himno nacional y su bandera, pero nada más.

“Tuvimos un caso en Abjasia donde el Archipiélago de Chagos tenía una bandera que decía ‘dejadnos regresar’ y que se prohibió y sancionó por ser un mensaje político. Ningún tipo de mensaje dentro de los estadios está permitido.”

Sascha también afirma que en general la política no es un problema. Los equipos simplemente agradecen tener la oportunidad de jugar, ya que se sienten marginados por la FIFA. Aun así, ConIFA en ocasiones ha rechazado a miembros potenciales, pero Sascha insiste en que no rechazarían a un nuevo miembro por razones puramente políticas.

“Tenemos requisitos claros sobre quien puede unirse a ConIFA y quien no. Hay 10 criterios diferentes y tienes que cumplir al menos uno de ellos. Tuvimos un ejemplo con la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk. Ambos solicitaron ser miembros. Como comité ejecutivo no queríamos tomar esa decisión, ya que es un tema muy delicado. Así que les preguntamos a nuestros miembros en la Asamble General y nos sorprendió mucho que todos dijeran que no debíamos rechazarlos por razones políticas. Y creo que tienen razón.”

Imagen: Beslan Lagulaa/CONIFA

Esta apolitización de ConIFA ha provocado que pierda oportunidades de inversión, ya que a muchas empresas no les gusta un miembro en particular de la ConIFA, el cual además suele ser diferente dependiendo de la empresa, mientras que la relación con la FIFA tambien ha tenido altibajos a lo largo de los años.

“Al principio les escribimos una carta para decirles que aquí estamos, que existimos y que planeamos hacer tal y cual,” recuerda Sascha. “A lo largo de los años seguimos en contacto, pero con el cambio de presidente la cosa empeoró. [Gianni] Infantino fue muy asertivo y aplaudió nuestro trabajo, pero el nuevo Secretario General no lo hace.”

A pesar del enfriamiento de las relaciones, Sascha está dispuesto a continuar un diálogo que permita nuevas relaciones entre ambas organizaciones, en especial cuando se trata de encontrar procesos para que los equipos de ConIFA se conviertan en miembros de pleno derecho de la FIFA si así lo desean.

“Estamos tratando de tener una reunión para hablar de este asunto, porque muchos de nuestros miembros no saben cómo funciona el proceso. Queremos organizar una especie de taller con las personas encargadas para aclarar exactamente quién puede unirse a la FIFA y cómo.”

De regreso al césped, Sascha ensalza el nivel del fútbol que se ha jugado durante su tiempo como Secretario General.

“Estimamos que hay unos 15 equipos que cuentan con jugadores profesionales,” señala.

“Tenemos de todas las clases. En el último campeonato, el equipo de Abjasia estaba formado principalmente por jugadores profesionales de la liga rusa. Pero después nos encontrabamos con Somalilandia, que eran todos jugadores de la Sunday League del Reino Unido (una competición amateur), así que abarcamos todo el rango de jugadores.”

“La competencia ha aumentado, pero ha sido muy buena desde el primer día. Nos quedamos muy sorprendidos en 2014, ya que sólo Darfur perdió partidos por goleada. El resto se resolvieron con un margen máximo de dos goles. Nunca se ha visto algo así en el fútbol fuera de la FIFA. Normalmente la mitad de los partidos terminaría con números de dos dígitos. Fue una sorpresa muy agradable.”

El anfitrión de la tercera edición del WFC será anunciado en otoño, cuando se termine la fase de clasificación. Sascha insta a seguir de cerca al equipo de Kurdistán el próximo verano debido a la abundancia de jugadores provenientes del combinado nacional Iraquí, mientras que Tíbet (cuyo presidente es el Dalai Lama) y Kiribati, que el primer equipo de Oceanía para tomar parte, podrían dar la sorpresa.

Con los puestos de clasificación todavía en juego, Sascha todavía puede tener la oportunidad de ampliar su colección de equipaciones cuando el torneo comience en mayo de 2018.

Translation by Alfonso Moreno

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